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Consejos sobre comodidad y confort de los sofás

A continuación encontrarás respuesta a tres preguntas muy habituales que respondemos a nuestros clientes antes de elegir una pieza de tapicería, referidas a su comodidad y confort.

¿Cuándo es un sofá cómodo?, ¿Es mejor un sofá duro o blanco?

Si la estructura es de calidad y el relleno también, lo más probable es que el sofá cama sea bastante confortable. Pero piensa que no existe el sofá cama que cumpla sus dos funciones (como sofá y como cama) a la perfección. Casi todos hacen mejor una función que otra, la de sofá o la de cama.

El sistema de apertura también influye en la comodidad. Los “sistemas italianos” de apertura son los más atractivos como sofá y bastante cómodos cuando se convierten en cama, pero son los menos económicos: unos 1200 euros.

El sistema de respaldo reclinable (o click-clack) es más económico (unos 600 euros), pero estos sofás cama no resultan muy cómodos para estar sentados durante unas horas.

Los sofás cama nido suelen ser también económicos, son fáciles de montar, pero siempre dejan la cama partida en dos piezas, pues al extraer y elevar el colchón de abajo no podrá quedar como una pieza junto al asiento del sofá de arriba.

¿Es igual de cómodo un sofá cama que un sofá normal?

Si te gusta tumbarte en el sofá, elige uno que, bajo tu percepción, sea blando; pero si prefieres estar sentado, compra uno más duro, o mejor dicho: más firme. No se puede decir que una opción sea mejor que la otra, es una cuestión de gustos. Eso sí, ten en cuenta que todas las espumas de los sofás se ablandan con el paso del tiempo.

La comodidad dependerá, no cabe duda, de la persona que vaya a utilizarlo. Aunque sí hay algunas recomendaciones que debes tener en cuenta:
- la profundidad de la pieza, como mínimo de 90 a 95 cm. Y la anchura mínima para un sofá de dos plazas debe ser de 1,60 metros mínimo y para uno de tres plazas de 2 metros.
- Habitualmente, la altura del respaldo oscila entre 80 y 90 cm. Lo ideal, y aunque no sea lo más estético, es que quede a la altura de la nuca, para poder relajar las cervicales y evitar una postura demasiado rígida.
- En cuanto a los reposabrazos, los blandos son más cómodos que los rígidos, sobre todo para tumbarse y apoyar la cabeza usándolo como almohada.

¿Da calor la piel?

La piel auténtica mantiene una temperatura constante, se adaptará a la temperatura de tu cuerpo pues se adapta a su entorno, por lo que no da ni frío ni calor.

Eso sí, transpira menos que la tela, por eso, sí cuando usamos el sofá estamos acalorados o algo sudorosos, sentiremos que la piel no absorbe el sudor como puede hacerlo una tela, y parecerá que se pega, da calor, cuando la realidad es que “no nos refresca”.

Si cuando te sientas en un sofá de piel lo notas frío es porque se adapta a la temperatura de la habitación, que habitualmente es más fría que la de tu cuerpo.
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